Con un nervio polvoriento y una estética que huele a aceite de motor y cuero viejo, The Bikeriders se desdobla como un retrato lírico y crepuscular de una época que se desvanece entre rugidos de motocicleta. Jeff Nichols adapta el libro fotográfico de Danny Lyon con un ojo romántico, pero no idealizado: más que la épica del forajido americano, lo que le interesa es la melancolía que se cuela entre la camaradería masculina, la violencia ritualizada y los amores que no caben en ese universo de códigos duros y lealtades a medias.
Jodie Comer funciona como narradora desde los márgenes, orbitando entre el carisma lacónico de Austin Butler y la intensidad contenida de Tom Hardy, en un trío que sostiene la película entre deseo, resentimiento y pérdida. Nichols filma como si cada escena pudiera ser una fotografía de Lyon: momentos suspendidos entre belleza y amenaza, entre polvo de carretera y tragedia latente. The Bikeriders no es una película de acción, sino una elegía visual sobre la masculinidad, la identidad y la inevitable erosión del mito. Hermosa, triste, con olor a despedida. Ver menos
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