Tres horas encerrados en un departamento de Bucarest para despedir a un muerto que no termina de llegar a su propio funeral. ‘Sieranevada’ es un filme donde aparentemente no pasa nada, pero todo arde. Cristi Puiu construye una coreografía del encierro, un ballet de cuerpos que entran y salen de la cocina, del salón, del pasado, mientras los silencios, los gritos y las discusiones se acumulan como platos sucios. La cámara flota como un espíritu doméstico, siempre al margen, dejando que las palabras se agolpen y las emociones se pudran lentamente bajo la superficie.
A través de una comida familiar que nunca empieza, Puiu convierte lo cotidiano en campo de batalla moral, político y existencial. Es cine rumano en su estado más puro: claustrofóbico, sutilmente corrosivo, desconcertante. Un ejercicio de contención que captura la herencia del comunismo, las contradicciones del catolicismo ortodoxo y el peso de la culpa colectiva en un país que todavía no sabe cómo hablar de sí mismo. Inmensa en su pequeñez, desesperante y genial.
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