En ‘Never Rarely Sometimes Always’, Eliza Hittman retoma la tradición neorrealista para construir un retrato devastadoramente íntimo sobre la juventud, la soledad y la amistad femenina en un mundo donde las decisiones personales están atravesadas por estructuras sociales profundamente restrictivas.
La película sigue a Autumn, una joven de 17 años que vive en Pennsylvania y descubre que no puede abortar legalmente sin el consentimiento de sus padres. La premisa es simple, casi minimalista: Autumn decide viajar a Nueva York junto a su prima Skylar para buscar una alternativa. Sin embargo, lo que podría convertirse en un drama convencional se transforma, bajo la mirada de Hittman, en una experiencia profundamente sensorial donde el peso emocional se construye a partir de gestos, silencios y pequeños desplazamientos urbanos.
Desde sus primeras escenas, la película establece una veracidad que parece surgir más del documental que de la ficción. Hittman realizó una extensa investigación sobre las restricciones legales del aborto en Estados Unidos, y esa base factual se traduce en un realismo que evita cualquier artificio melodramático. No hay giros narrativos estridentes; hay procesos. Formularios. Esperas. Miradas. Autobuses nocturnos. La burocracia se convierte en parte del drama.
Interpretada con una vulnerabilidad extraordinaria por Sidney Flanigan, Autumn es un personaje construido desde la interioridad. Habla poco —casi nada— durante largos tramos de la película, y es precisamente en ese silencio donde emerge la dimensión más poderosa del relato. Hittman acerca su cámara al rostro de la actriz como si buscara algo más allá de la actuación: una verdad emocional que no necesita palabras. A su lado, Talia Ryder construye a Skylar con una energía protectora y luminosa, convirtiendo la película, quizá antes que cualquier otra cosa, en un retrato perfectamente observado de la amistad femenina.
Ese vínculo es el verdadero motor narrativo. No hay discursos explícitos sobre solidaridad o sororidad; simplemente ocurre. Skylar acompaña. Espera. Resuelve. En un cine donde muchas historias juveniles recurren a diálogos artificiosos o moralizantes, Hittman opta por decisiones orgánicas que parecen surgir directamente del carácter de sus protagonistas.
La escena central —aquella que da título a la película— representa uno de los momentos más conmovedores del cine reciente. En una clínica de Planned Parenthood en Brooklyn, una consejera real, Kelly Chapman, entrevista a Autumn mediante un cuestionario estructurado en respuestas múltiples: Never, Rarely, Sometimes, Always. La voz fuera de foco de Chapman, cálida y profundamente humana, transforma el espacio clínico en un lugar de revelación emocional. Las respuestas de Autumn, entrecortadas por silencios prolongados, dejan entrever experiencias que nunca habían sido verbalizadas. No hay música que subraye el momento. No hay montaje manipulador. Sólo un rostro enfrentándose a su propia memoria. La escena funciona como un punto de inflexión psicológico: Autumn no sólo está respondiendo preguntas médicas, está reconociendo su propia historia.
Hittman ha descrito la película como “una narrativa sobre una chica que lleva mucho dolor y carga, y la soledad de todo”. Esa soledad se manifiesta constantemente en pequeños episodios que delinean un entorno hostil. Desde el hermano que hace gestos lascivos en un restaurante hasta el hombre borracho que se exhibe en el metro, las protagonistas atraviesan un paisaje cotidiano marcado por la masculinidad invasiva. No hay grandes villanos; hay comportamientos normalizados.
En ese sentido, la película dialoga claramente con la tradición humanista de Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne: un cine donde los personajes toman decisiones en tiempo real, guiados por la necesidad inmediata más que por estructuras narrativas clásicas. Cada acción de Autumn y Skylar se siente espontánea, frágil, profundamente creíble. Formalmente, Hittman evita cualquier espectacularidad visual. La fotografía naturalista y el uso predominante de cámara en mano generan una proximidad casi incómoda con los personajes. No hay música extradiegética que dramatice el viaje; la ciudad suena como suena la ciudad. El silencio, nuevamente, se convierte en el elemento expresivo más importante.
Uno de los aspectos más notables del filme es su capacidad para representar la juventud sin romantizarla ni convertirla en un recurso estético vacío. Muchas películas sobre adolescentes caen en la trampa de escribir diálogos que reflejan cómo los adultos creen que hablan los jóvenes. Aquí ocurre lo contrario: los personajes existen antes que el discurso.
Hay un momento particularmente desgarrador en el que vemos a Autumn golpeando impotente su propio estómago, una acción que encapsula toda la desesperación contenida del relato. La escena no busca conmover de forma inmediata; busca permanecer. Porque Never Rarely Sometimes Always no es una película sobre el aborto en términos ideológicos. Es una película sobre la experiencia emocional de atravesar un proceso en soledad. Sobre el peso invisible de decisiones que deben tomarse demasiado pronto. Sobre la fragilidad y la fortaleza coexistiendo en el mismo gesto.
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