Past Lives, de Celine Song. [Comentario breve]

Comentario personal: Revisé unas notas en mi teléfono y encontré unos apuntes del momento en que la vi, naturalmente eran palabras que hablaban desde el dolor post ruptura. Después de 3 años reescribí desde el gusto estético esa impresión.

Una película que avanza en voz baja, como un recuerdo que no se atreve a reclamar su lugar en el presente. Más que una historia de amor, es una meditación sobre las vidas que no vivimos y las que aceptamos por pura continuidad. Nora y Hae Sung no están separados solo por la geografía —Seúl, Nueva York— sino por el tiempo entendido como fuerza irreversible, como una corriente suave pero implacable que arrastra decisiones, idiomas y versiones posibles del yo.

Song filma los encuentros y desencuentros con una delicadeza poética: planos contenidos, silencios que dicen más que cualquier confesión y diálogos donde lo importante siempre queda un poco fuera de campo. El concepto de in-yeon no funciona como exotismo cultural, sino como estructura emocional: la idea de que algunas relaciones existen no para consumarse, sino para acompañarnos como fantasmas benignos. ¿Qué parte de nosotros pertenece al pasado y cuál se ha adaptado, con resignación o madurez, al presente?

Past Lives es una película sobre mirar atrás sin nostalgia impostada, sobre aceptar que el amor también puede ser una forma de despedida prolongada. Lejos del melodrama, Past Lives encuentra su fuerza en la contención emocional y en una lucidez poco común sobre el amor adulto: ese que entiende que elegir también es renunciar. Una herida que no sangra, pero tampoco termina de cerrar.

Mtro. En Historiografía y cinéfilo.

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