Ya sea a través de la materialización de los recuerdos más potentes de sus protagonistas en Solaris, o mediante la promesa de satisfacción del deseo más primario de un ser humano en la Zona de Stalker, la ciencia ficción de Tarkovsky se fundamenta en la alegoría de la lucha del ser humano contra sus instintos más primarios, pero sobre todo en el terror que nos inspira no conocernos del todo: el horror de intuir que en algún compartimento mental, cerrado bajo las cadenas de nuestros prejuicios y códigos morales, escondemos deseos de la más abyecta bestialidad.
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