Lo que interesa a Fassbinder en la novela de Döblin no es sólo esa complejidad moral de sus personajes masculinos o la conflictiva relación que mantienen con mujeres a las que caprichosamente seducen o violentan, sino también el fresco social de una Alemania humillada por las reparaciones económicas de una guerra que ha perdido, sumida en el caos político, y lista para aceptar, sin mayores reticencias, el advenimiento de un orden autoritario.
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